Editorial:

 

Actualmente, el estudio de la ionosfera constituye un importante vector de generación de conocimiento en los principales países del mundo, cuyos gobiernos invierten cada vez más recursos para lograr el conocimiento necesario que permita pronosticar con un grado de acierto mayor, lo que en la jerga se conoce como “meteorología de la alta atmósfera”. Esto es así por varias razones. La más conocida es el efecto que producen sobre las comunicaciones (HF y satelitales) las distorsiones en el estado de ionización de esta capa de la atmósfera.

En la aldea global, los inconvenientes en la comunicación generan innumerables problemas secundarios de orden civil, y militar, vinculados con el comercio, la seguridad operativa en el transporte, la defensa estratégica, entre muchas otras. No obstante ello, hay cada vez más evidencia que muestra la interrelación entre la meteorología de alta atmósfera y el pronóstico del tiempo , útil para planificar tanto cuestiones triviales relacionadas con un paseo, como para decidir importantes inversiones en el sector agrícola-ganadero. Incluso se han medido distorsiones evidentes en el estado de la ionósfera en ocasión de producirse catástrofes naturales, una cuestión aún muy controversial y sometida a distintos análisis.

En la Argentina, la Red de Observación Ionosférica alcanzó su máximo esplendor en la década del ’70 del siglo pasado, contando con Observatorios en Tucumán, San Juan, Buenos Aires, Islas Argentinas, Trelew, Ushuaia, Puerto Madryn y Antártida.

Durante las décadas siguientes, esos equipos fueron cayendo en obsolescencia y en 2007 sólo funcionaban, con acceso público a la información experimental, los Observatorios de Buenos Aires y la Antártida.

La instalación de un Observatorio Ionosférico en nuestra Facultad fue saludado con entusiasmo en distintas partes del mundo, donde actualmente se desarrollan este tipo de investigaciones....


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