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De la UON a la UTN - Los Comienzos -

 

3. El funcionamiento hasta 1955.

 

El 17 de marzo de 1953 la Universidad Obrera Nacional abría sus puertas. Su sede central, y también la Facultad Regional Buenos Aires, se hallaban en el amplio edificio de la calle Medrano 951, que compartían con la dirección General de Enseñanza Técnica. En el hall, los bustos de Perón y su esposa, algunas esculturas, como “El picapedrero” de Mario Arriguti, y por doquier, leyendas murales breves que testimoniaban el agradecimiento de los obreros argentinos o transcribían frases del Presidente Perón.

La Universidad pretendía ofrecer la imagen de una nueva realidad del justicialismo que el gobierno propugnaba. La tutelar indicación del presidente orientó su marcha y se hizo evidente en la gestión de su primer y único rector durante el peronismo. Cecilio Conditi, dirigente sindical, egresado de la Escuela Sindical de la CGT, simbolizó en el rectorado el nuevo concepto de universidad abierta al pueblo que sustentaba el oficialismo.

El acto de inauguración del primer ciclo lectivo contó con la asistencia del Gral. Perón, profesor honorario del establecimiento y adquirió los matices propios de un gran acontecimiento nacional. Tras el Himno Nacional y el minuto de silencio en homenaje a Evita, sucedió el discurso del rector Conditi dedicado casi con exclusividad al encomio de la obra peronista y a la evocación de la figura de la esposa del Presidente. La institución puesta bajo su dirección fue caracterizada como el “...corolario magnífico de una obra que no admite paralelo en todo el mundo” .

Más tarde, en una clase magistral ofrecida al auditorio, el Gral. Perón retomó sus concepciones acerca de la cultura, la ciencia, la instrucción industrial y la virtud ciudadana, y rememoró sus “sueños” como Secretario de Previsión sobre la elevación cultural del pueblo. Esta universidad concretaba aquellos ideales, preparaba técnicos y, a la vez, formaría a los virtuosos ciudadanos de la Nueva Argentina. Tras ubicar a la Universidad Obrera como una respuesta a las necesidades de la industria y a los mandatos de la justicia social, Perón definió sus características diciendo: “No queremos universidades para formar charlatanes y generalizadores. No queremos escuelas para formar hombres que les digan a los demás cómo hay que hacer las cosas sino hombres que sepan hacer por sí las cosas (...) y para esto hay que tener manos de trabajadores y vivir con olor a aceite de las máquinas” .

Al mismo tiempo que estos actos iniciaban los cursos en la capital Federal, inauguraban el primer ciclo lectivo las Facultades Regionales de Santa Fe, Rosario y Córdoba; unos meses más tarde, el 16 de junio de 1953, lo hacía la de Mendoza. Su creación había sido prevista en la ley 13229/48 y se incluyó en el segundo Plan Quinquenal. Posteriormente se crearon las de Bahía Blanca (28/1/54), Tucumán (28/1/54) y Avellaneda (31/3/55).

El plan de estudios original abarcaba cinco años, con cinco o seis materias a cursar en cada uno de ellos. En los planes de todas las carreras existían ciertas asignaturas comunes: Sindicalismo Justicialista y Legislación Obrera I y II, Legislación del Trabajo, Tecnología de Fabricación y Organización Industrial, Administración y Contabilidad Industrial e Higiene y Seguridad Industrial . El criterio que orientó la estructuración de los planes fue la necesidad de formar ingenieros “...con una sólida base físico-matemática...” a la vez que “... elevar el nivel intelectual del obrero...” . En 1954, la Memoria Ministerial informaba sobre esta cuestión que “...planes y programas de estudio reflejan la compenetración con la Doctrina Nacional y el Plan de Gobierno”.

Las clases se dictaban en horario vespertino, desde las 19.15 a las 22.30 de lunes a viernes, lo que totalizaba un promedio de veinte horas semanales de clases. Los trabajos de gabinete o laboratorio se efectuaban en horario diurno los sábados por la mañana. Según las autoridades de la universidad, la diferencia de alrededor de diez horas semanales con las otras casas de estudios de la Nación, se compensaba y salvaba con la gran práctica ejecutiva de los alumnos-obreros. Sin embargo, si se examina un calendario de actividades de la institución, la inferioridad en el número de clases se acentúa.

Respecto de la “didáctica de las clases”, el Rectorado enfatizó la recomendación de que su dictado fuera claro y sencillo; “...las clases no serán conferenciales...” y a cada explicación debía seguir la ejercitación correspondiente, de modo tal que el alumno se viera obligado a estudiar clase por clase .

Tales clases eran dictadas por docentes que, con frecuencia, se desempeñaban en otras universidades nacionales. Algunas cátedras, y según las prescripciones legales del caso, fueron provistas mediante concursos de profesor titular en las distintas regionales. En 1954 y 1955 se reglamentó la aplicación en la Universidad Obrera del régimen de incompatibilidades impuesto a los profesores universitarios. El decreto 20778/54 había exceptuado de dicho régimen a los docentes de la UON y el que llevó el número 5845/55 a los directivos del establecimiento estas medidas se adoptaron a fin de facilitar la estructuración y el funcionamiento de la novel universidad.

Bajo el régimen de la ley 13229/48, durante el gobierno peronista y el rectorado de Conditi, se operaron escasas modificaciones en el reglamento original, pero una de ellas por decreto 21812 de noviembre de 1953 y básicamente implementaron una especie de régimen de promoción que suprimía los exámenes finales.

Los primeros alumnos de la UON eran, en su mayoría técnicos industriales con varios años de ejercicio que deseaban continuar estudiando. El resto del estudiantado estaba conformado por los egresados de los cursos de perfeccionamiento técnico de la CNAOP y de las escuelas industriales de la Nación .

El cuadro 1 permite ver la evolución de los inscriptos en el período 1953-1955.

Año
1953
1954
1955
Alumnos inscriptos
676
1034
991
Total de Alumnos
676
1488
1956

Cuadro 1: Evolución de los inscriptos entre 1953 y 1955.

 

El cien por ciento del alumnado estaba constituido por trabajadores, aunque no necesariamente “obreros”, técnicos en la especialidad que elegían. La mayoría de los ingresantes tenía idéntica procedencia que los estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

En los círculos gubernamentales, la labor que cumplía la Universidad Obrera se exaltaba fervorosamente; la repercusión internacional de su existencia era tema frecuente en publicaciones oficiales como la misma Revista de la Universidad Obrera Nacional y obviamente, motivo de halago para quienes la habían pergeñado.

Ciertamente, la institución había encontrado un espacio que se ampliaba cada vez más en la sociedad en que halló inserción. El ritmo que entonces imprimió a sus actividades quedó plasmado en distintas realizaciones; por ejemplo, la creación de múltiples dependencias anexas que complementaron la estructura del sistema creado. Entre 1953 y 1955 se organizaron la Federación Argentina de Estudiantes de la UON su Oficina de Prensa y Difusión, el Instituto de Extensión Cultural y Técnica, el Departamento Técnico y Didáctico, la Secretaría Gremial de la UON. A fines de 1954 se disponía la publicación del Anuario de la UON y Facultades Regionales y se retomaba el proyecto de creación de un edificio propio para la universidad . La caída del gobierno peronista en 1955 frustró la empresa definitivamente y del amparo gubernamental y la holgura económica, la UON pasó a la asfixia presupuestaria y a la lucha por la subsistencia. La institución debió afrontar tiempos difíciles.